Palabras de presentación del libro «Cuba: contradicciones, integraciones y consensos»

Wilder Pérez Varona
Quisiera comenzar con una pregunta que, a mi juicio, atraviesa todo el libro que hoy presentamos.
¿Qué significa discutir las contradicciones del socialismo cubano en las condiciones actuales?
La pregunta puede parecer evidente, pero no lo es.
Porque cuando hablamos de Cuba hoy hablamos, al mismo tiempo, de varias crisis superpuestas. Hablamos de dificultades económicas persistentes, del deterioro inédito de las condiciones de vida, de desigualdades que han ganado visibilidad en las últimas décadas, de crecientes tensiones institucionales, de frustraciones acumuladas y de una incertidumbre y desesperanza que atraviesan amplios sectores de la sociedad.
Pero hablamos también de otra cosa.
Hablamos de un país sometido durante más de seis décadas a una política sistemática de hostilidad por parte de los Estados Unidos. Una política que no sólo condiciona las posibilidades de crecimiento económico o de bienestar material. Una política que, en distintos momentos históricos, ha perseguido el objetivo de erosionar la capacidad de Cuba para existir como proyecto soberano.
Por eso, cuando discutimos la crisis cubana, la cuestión fundamental no es únicamente cómo salir de ella. La cuestión es desde dónde y hacia dónde salir. Porque no todas las salidas son equivalentes.
Existen salidas que podrían aliviar determinadas tensiones económicas al precio de una subordinación creciente a dinámicas externas de poder. Existen caminos que prometen prosperidad, pero cuya condición de posibilidad sería la renuncia a importantes cuotas de soberanía política, económica y cultural.
Y existen otros caminos, mucho más inciertos y conflictivos, que pasan por profundizar la capacidad de la sociedad cubana para imaginar y construir formas renovadas de socialismo.
Creo que el libro se sitúa precisamente en el interior de esa tensión. No parte de una defensa complaciente del presente ni de una condena simplificadora de la experiencia socialista cubana. Parte de constatar que, si la soberanía constituye una condición irrenunciable para cualquier proyecto nacional cubano, entonces las contradicciones internas no pueden ser ignoradas; deben ser comprendidas y transformadas.
En ese sentido, el texto rechaza dos posiciones igualmente insuficientes.
Por un lado, la tendencia a explicar todos los problemas exclusivamente a partir de la agresión estadounidense. Por otro, la tendencia a analizar las dificultades internas como si existieran en un vacío geopolítico. La realidad cubana obliga a pensar ambas dimensiones simultáneamente. Y esa es una de las virtudes más importantes de la investigación.
Porque las contradicciones que analiza no aparecen como fallas circunstanciales ni como anomalías transitorias. Aparecen como tensiones reales que han atravesado la construcción socialista cubana: las relaciones entre Estado y participación popular, entre igualdad y diferenciación social, entre planificación y autonomía, entre institucionalidad y protagonismo colectivo, entre reproducción material y proyecto emancipatorio.
El libro nos recuerda que ninguna de estas tensiones puede resolverse mediante decretos ni consignas. Pero también nos recuerda que ignorarlas no las hace desaparecer.
Quizás por eso el principal aporte de esta investigación no sea ofrecer respuestas acabadas, sino contribuir a interrogar mejor la realidad cubana actual.
Y aquí quisiera destacar un segundo aspecto del trabajo. La manera en que esas preguntas fueron construidas.
Este no es un libro producido únicamente desde la observación académica. Tampoco es un texto surgido exclusivamente de la intervención militante. Es el resultado de una experiencia poco frecuente de articulación entre ambas dimensiones.
Durante décadas, Galfisa ha desarrollado un trabajo intelectual inseparable de procesos concretos de educación popular, diálogo comunitario, investigación participativa y reflexión política. Los Talleres sobre Paradigmas Emancipatorios constituyen quizás la expresión más conocida de esa trayectoria, pero forman parte de una práctica más amplia de producción colectiva de conocimiento. Eso se percibe claramente en el libro.
La teoría aparece aquí menos como un sistema cerrado de respuestas que como un instrumento para interpretar experiencias, conflictos y dilemas efectivamente vividos por sujetos concretos. Y creo que esa característica resulta especialmente valiosa en el momento actual.
Porque uno de los problemas de nuestro tiempo es que las certezas abundan más que las preguntas.
Abundan quienes saben exactamente qué debería hacer Cuba. Lo saben desde Washington, desde Miami, desde las redes sociales, desde ciertos espacios académicos e incluso desde algunos sectores de la propia izquierda.
Lo que escasea es la disposición a pensar la complejidad de una sociedad que intenta sostener su soberanía mientras enfrenta transformaciones profundas en sus estructuras y dinámicas económicas, políticas y culturales. Por eso considero que la principal actualidad de este libro reside en su negativa a elegir entre soberanía y crítica.
Nos recuerda que la crítica es indispensable para defender la soberanía. Y que la soberanía es indispensable para que esa crítica pueda orientarse hacia un proyecto de transformación propio y no hacia la simple adaptación a una propuesta recolonizadora.
Si hubiera que resumir en una frase la relevancia de esta obra para la Cuba contemporánea, diría que nos invita a pensar que el problema fundamental no es escoger entre continuidad o cambio. El verdadero problema es decidir qué cambios permiten ampliar las capacidades de autodeterminación de la sociedad cubana y cuáles, por el contrario, terminan conduciendo hacia nuevas formas de dependencia.
En otras palabras, nos enfrenta a una pregunta decisiva para el presente y para el futuro de la nación: cómo transformar el socialismo cubano sin abandonar la soberanía que le da sentido, y cómo defender esa soberanía sin renunciar a las transformaciones que la vuelven viable.
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