A 60 años de la Reforma Universitaria en Cuba: historia y proposición sobre la enseñanza del marxismo (Primera parte)*

Dra. Natasha Gómez Velázquez

Facultad de Filosofía, Historia y Sociología

Universidad de La Habana

El III Pleno del Comité Central del PCC argumentó sobre la necesidad de revitalizar «la enseñanza, conocimiento y divulgación de nuestra historia, así como del Marxismo-Leninismo», de cara a «los desafíos de la guerra cultural que se nos hace desde los centros de poder hegemónico del capitalismo transnacional».

El camino hacia la claridad y firmeza ideológica reclamadas por la dirigencia partidista pasa, sin embargo, por dirimir sobre un tema que ha conjugado diversos problemas. Problemas actuales, pero no novedosos, como no lo son las críticas al canon del «marxismo-leninismo» y a sus efectos políticos, económicos y culturales, a su papel como doctrina organizacional e ideología de Estado. Su análisis debe asumir la herencia peculiar del proceso revolucionario y socialista cubanos, así como la sacudida de los años noventa, cuando el descalabro del sistema soviético y la crisis aparejada asentaron nuevas condiciones en nuestro país.

Dirimir sobre la situación actual del marxismo en Cuba supone aproximarnos a nuestra historia reciente, a los intentos de reformular nuestro socialismo, a nuestras prácticas e instituciones, a los debates y valoraciones que han suscitado. Crear alternativas ajustadas a nuestro contexto implica superar viejos dogmas, no actualizarlos. El proyecto de emancipación social, de crítica cultural, que el marxismo revolucionario ha sostenido, no avala disociar las formas o medios, de los contenidos.

De ahí que decidamos abrir un nuevo espacio para divulgar textos de autores cubanos que han analizado varias dimensiones del tema.

El texto que presentamos a continuación es inédito. (Instituto de Filosofía)

Los estudios filosóficos habían sido reducidos

a nociones elementales y retrasadas, y a simples fórmulas inertes.

El marxismo era aludido solo, para el rechazo desdeñoso.

Reforma Universitaria, 1962.2

Un país nuevo exigía una «Universidad renovada» al decir de Carlos Rafael Rodríguez, por lo que la Reforma Universitaria de 1962 tuvo como «aspiración el cambio total», romper y fundar, y su alcance se sintetizaba en las preguntas «¿qué se va a estudiar?; ¿cómo se va a estudiar?; y ¿quiénes van a estudiar?». Ese evento comprendió cuestiones  organizativas relativas a las «Escuelas» (su unión, desagregación,  aplazamiento de aperturas); la pertinencia de nuevas carreras sobre todo técnicas; separación de otras híbridas (como el «engendro teratológico» de Filosofía y Letras);3 cambios en el balance estructural de las mismas (excedido en titulaciones «liberales»). La Reforma también propició incrementos sustantivos de matrículas; y tuvo interés en abandonar formas doctas en favor de perfiles de vocación social y transformador; se propuso graduar investigadores para la ciencia necesaria; proscribió la enseñanza «verbalista»; y consagró con la «asistencia obligatoria», la responsabilidad, compromiso, y dedicación de los estudiantes ante su propia formación. Garantizó condiciones para el acceso a estudios superiores de jóvenes humildes. Las «becas» y estipendios eran sus instrumentos, y los colores humanos señalados por el Che (negro, mulato, obrero, campesino, pueblo), fueron la síntesis simbólica de un cambio político, siempre cultural por su carácter revolucionario.4

En ese sentido, la Reforma Universitaria no es reductible al conjunto de sus decisiones y dictámenes. La Reforma fue, uno de los proyectos culturales de la revolución. Su alcance excedía los claustros, la colina, los tres campus existentes. Ya en 1925, Mella subrayaba que las Reformas pertenecían al «campo de la cultura», y advertía que, precisamente por eso, a las Reformas de su época les era «imposible conseguir […] la integración de todos sus postulados», «dentro de las actuales normas sociales». Precisando esta perspectiva de identidad entre política revolucionaria y cultura, expresó: «en el mañana, cuando la América no sea lo que hoy es, cuando la generación que pasa hoy por las universidades, sea la generación directora, las revoluciones universitarias se considerarán como uno de los puntos iniciales de la unidad del continente, y de la gran transformación social que tendría efecto».5

Reforma Universitaria y enseñanza del marxismo-leninismo (M-L)

La revolución fue el evento decisivo para la socialización casi universal del marxismo, y la Reforma una de sus expresiones hegemónicas en el campo educativo. Su antecedente se encontraba en las, aún más universales, Escuelas de Instrucción Revolucionaria (EIR). Se habían constituido el 2 de diciembre de 1960, y fueron concebidas como Escuelas de M-L según confirmara Fidel6 un año después. Ese perfil también fue reiterado en los sucesivos documentos de las EIR, así como en Informes y artículos de su Director Lionel Soto. De manera que el M-L comenzó a ser enseñado a nivel masivo, antes de que fuera declarado el carácter socialista de la revolución.

Con la Reforma, el marxismo va a ir incorporándose progresivamente al currículo de todas las carreras, la enseñanza del  «Materialismo Dialéctico e Histórico» 1, 2, y 3; y «Economía Política» 1 y 2,7 es reflejada en la segunda parte del texto normativo. Aunque el documento mismo de la Reforma no lo argumentara, el tipo específico de marxismo a enseñar, sería el «M-L».  Esto resulta evidente, en la segmentación de Asignaturas y su nomenclatura.

Según precisara Carlos Rafael Rodríguez en 1962, al mes siguiente de proclamarse la Reforma, el objetivo de la enseñanza del M-L era la «formación ideológica», siempre advirtiendo los límites de esta intención docente: «no pretendemos enseñar marxismo, convirtiendo a los estudiantes universitarios en “marxistas” […] La transformación ideológica de los estudiantes […] es un proceso largo […] Nuestros jóvenes se harán marxistas en el proceso mismo de la vida, bajo la influencia de las transformaciones económico-sociales, como resultado conjunto tanto de los cambios, como de las clases y de los libros».8

En este sentido, es probable que la entrada del marxismo al currículo, se haya presentado a manera de prolongación y multiplicación del activismo revolucionario mismo y su voluntad transformadora. La Reforma toda, ya era parte de una realidad discursiva —de movilizaciones económicas, militares, políticas, educativas, culturales, etc.— que extendía los espacios políticos de formación. Visto en contexto, los estudios de marxismo no fueron concebidos como apéndice de naturaleza iluminista, para la formación política. No parece habérsele confiado a esa parte del currículo, una tarea política, que solo puede ser cumplida a cabalidad, por el conjunto de las relaciones sociales. Pero una reflexión semejante, difícilmente se sucedió entonces, pues la vida política era, en aquellas circunstancias, la dimensión única de la vida, por lo que de manera orgánica —aunque no sin contradicciones propias de la lucha de clases—, el marxismo entró a la Universidad. 

Lo que en brevísimos años se reveló como una determinación problemática, fue la decisión de enseñar marxismo en su muy específica versión de M-L. En 1962, no parece haber sido un acto deliberado. Las circunstancias políticas concurrentes, y la inexistencia de una cultura marxista —no se trata de individualidades instruidas en el marxismo, sino de cultura—, favorecieron la adopción orgánica del M-L. En las EIR y en el sistema de enseñanza universitario, se produjo «la introducción de la educación marxista a través de los Manuales soviéticos como instrumento principal. El marxismo soviético devino masivamente «el marxismo».9

Esto obedeció a un conjunto de factores complejos, identificados plenamente desde hace décadas en numerosas investigaciones que han ido avanzando a partir diversos campos de saber: histórico, filosófico, sociológico, artístico, cultural, educativo, económico, político, etc. Resultados a los que se les ha sumado el aporte de historias de vida ya racionalizadas. Sin embargo, las sensibilidades y personalidades que involucra este asunto, limitan aún hoy, la publicación transparente y debate de esos resultados, hasta sus últimas consecuencias.

La socialización de lo sucedido con el marxismo y su enseñanza en los 60 e inicios de los 70, forma parte decisiva de nuestra historia. A pesar de eso, este tema aguarda aún por hacer su debut fuera de ciertos espacios intelectuales (otros, lo ignoran). Recuperar esa historia, no es hacer arqueología, es aprender de los errores, es tener el honor de hacer justicia, es no perseverar en el equívoco, es no seguir perjudicando a jóvenes que se interesan por el marxismo todo, ni a la revolución que lo necesita.

La instrumentación en 1962 de la enseñanza del tipo específico de marxismo denominado M-L, debe ser considerada a la luz del tiempo transcurrido y de sus negativas consecuencias para el conocimiento del marxismo y para la revolución. Las acciones que en la actualidad puedan ser realizadas en este sentido, cuentan con argumentos científicos que se han ido acumulando, a partir del aporte de varias generaciones de investigadores y profesores.

Entre los factores (no exhaustivos) que concurrieron en 1962 a la constitución del complejo siempre político que propició la enseñanza universitaria del M-L en particular, se encuentran algunos de orden práctico, por ejemplo, el contenido mismo de ese tipo de marxismo soviético. Este compendiaba —aparentemente— el conjunto íntegro de teorías y «partes» del marxismo (no había que buscar en libros dispersos); comprendía todas las «definiciones» (no había que construirlas críticamente), y estaba sistematizado (no había que integrar conocimientos). Se dispondría de una base material lista para la enseñanza y socialización a gran escala, a través de Programas, Manuales, asesores, y traducciones soviéticas. 

Además, en el escenario cubano, donde no existía una cultura marxista previa, resultaba natural la inclinación al M-L, pues era un tipo de marxismo universalmente conocido, precisamente por sus características simplificadoras y vulgares.

Por otra parte, concurrían los factores de naturaleza más precisamente política. Uno de los más controvertidos, fue la responsabilidad otorgada a miembros del Partido Socialista Popular (PSP) en tareas relativas al campo intelectual y de la cultura, a la enseñanza y divulgación del marxismo, y en general, a lo que suele denominarse «ideología». Esta fuerza política tuvo su origen en el Partido Comunista fundado en 1925 bajo el influjo de la Tercera Internacional,10 y lo que llegaría a constituirse en el trascurso de la década del 20 —con posterioridad a la muerte de Lenin— como su marxismo oficial: el M-L. Dicho marxismo era entendido, dentro de los estrictos límites de la Komintern (pero no de manera homogénea por sus Partidos y miembros), como EL marxismo, precisamente por autocalificarse como el «único, auténtico, y verdadero» en comparación con el resto de los marxismos existentes («tergiversados»).

El PSP (denominación adoptada en 1944), se había educado en ese tipo de marxismo, convertido en convicción. Aún en su Programa para 1959-60,11 puede encontrarse la referencia al M-L. Decisiones estratégicas y tácticas del PSP estuvieron marcadas por esa concepción rígida de contenidos, que había sido interiorizada por décadas, por ejemplo, su errónea apreciación sobre la acción del Moncada y la lucha armada.12 En cuanto a la proyección conceptual, una mirada a su Revista teórica Fundamentos (1941-1961), o a columna Aclaraciones (1962-1964) de Blas Roca en el periódico Noticias de Hoy (1938-1965),13 evidencia la adhesión plena del PSP al M-L: promoción de sus manuales; documentos del PCUS y discursos de Stalin con mención al M-L; etc. Los fundamentos del socialismo en Cuba (1943, reeditado en 1960) de su Secretario General Blas Roca, recoge los conceptos esenciales del M-L que, por ser dogmas, no lograban captar las especificidades de Cuba (por ejemplo, se dice que Cuba ha transitado por 4 tipos fundamentales de sociedad: primitiva, esclavista, feudal, capitalista, y transitará por la socialista).14 Esto, son solo indicadores de la adhesión del PSP al M-L.

La convicción personal condujo también al sectarismo (propio del M-L) que se proyectaría más allá de la disolución del PSP y que conduciría, por ejemplo, a la consideración de que el Che participaba del «trotskismo». Eso equivalía a decir, que el Che no era M-L, pues el M-L soviético se había autodefinido, precisamente, en oposición al «trotskismo» (también al luxemburguismo, sindicalismo, socialdemocracia, etc.).15 Dicho planteamiento encerraba una sospecha sobre la alineación de la revolución cubana con la URSS.

Con la apertura de buena parte de los archivos soviéticos a partir de la década del 90, se ha encontrado —según se refiere—, un número significativo de documentos y secciones dedicadas, por ejemplo, a la guerrilla internacionalista del Che en Bolivia, lo que hace pensar en la observancia inquieta de que eran objeto los líderes cubanos y el proceso revolucionario, por la parte soviética.16

En la compleja sinergia política que generó condiciones para la identificación del proceso político con el M-L, su divulgación y enseñanza, se encontraba la radicalización revolucionaria, la agresividad de EE.UU., la declaración del carácter socialista de la revolución en 1961, el acercamiento inicial y posterior alineamiento con la URSS y el movimiento comunista internacional en condiciones de un mundo bipolar; y al curso seguido hacia la fundación del PCC en 1965 —que integró justamente al PSP—; condujo —entre otras causas— a la adopción del M-L por el naciente PCC (ya estaba en el PURSC).17 Así pasó posteriormente a la Constitución de 1976, y mucho antes a la conciencia social, al discurso político, a la enseñanza y a la instrumentación naturalizada de políticas, en particular, en la esfera intelectual. 

El M-L se encontraba sustentado por el denominado movimiento comunista internacional y la URSS, que hacían de garante de su corrección política. Además, poseía una denominación que se identificaba con Lenin como símbolo de revolución; y se acompañaba de la leyenda de ser el «único» marxismo «científico, verdadero, auténtico». Sobre el papel decisivo que desempeñó la naciente y necesaria alianza política soviético-cubana en la identificación con el M-L, el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Premio Casa de las Américas, Fernando Martínez Heredia comentaba: «en 1961 ser socialistas implicaba ser marxistas, y serlo aliados a los soviéticos incluía ser marxistas-leninistas, aunque la mayoría no conociera nada de marxismo. Este comenzó entonces a formar parte de la instrucción sistemática de las personas, a considerarse la manera acertada de ver al mundo y la guía de la política».18

Los pronunciamientos de Fidel y el Che, incluso del PSP, acerca de su identificación con el M-L, deben ser interpretados en el contexto de la época, y su reiteración posterior en el caso de Fidel, forma parte de un discurso incorporado justamente bajo condiciones históricas de alianza sistémica con la URSS. Sin embargo, una mirada a la historia de la revolución cubana y a la proyección política de Fidel, bastará para percibir cómo el proceso cubano trascendió y por tanto se alejó en la práctica del dogmatismo del M-L en muchos aspectos. Ciertamente, no en todos, ni de manera homogénea.

A diferencia del PSP, Fidel y el Che no habían estado expuestos a la instrucción militante y disciplinada del M-L, más bien, lo habían incorporado como parte de su cultura general y política,19 siempre mediado por otras fuentes teóricas y experiencias políticas. No hubo en ellos una identidad dogmática, lo que se evidencia en variados episodios contradictorios con la URSS en la década del 60, en ciertos discursos de Fidel (crisis de octubre (1962); constitución del Comité Central (1965); Tricontinental (1966); OLAS (1967); acontecimientos de Checoslovaquia (1968)),20 en la polémica económica del Che, en sus notas a las lecturas personales de Filosofía, en el discurso en Argel, y en su crítica al manual de Economía Política, por ejemplo.

Fernando Martínez, después de señalar el dogmatismo del M-L, su procedencia soviética, y declarar que «no debemos confundir una posición determinada dentro del marxismo con todo el marxismo», precisa respecto al Che: «¿por qué el joven intelectual autodidacta no se sumó a los repetidores ni se sujetó a la “línea”? […] Varios factores lo ayudaron […] La vastísima información que adquirió, y sus comentarios permiten constatar que tenía una posición activa de pensamiento y preguntas ante ese torrente de ideas y de libros. Esta suele ser una vacuna eficaz contra los dogmatismos. Por otra parte […] asume un antiimperialismo beligerante […], y lo asocia […] al anticapitalismo […] Identifica al colonialismo […] como el enemigo de los pueblos de América Latina, Asia y África. Esta posición suya es ajena al eurocentrismo que caracteriza al llamado marxismo-leninismo, y a la subestimación implicada en las formulaciones abstractas que priorizan al llamado sistema socialista y la «clase obrera» de los países industrializados. Y lo decisivo: Ernesto está buscando una causa revolucionaria a la cual entregar todo su ser, no solo el pensamiento, mientras que la revolución anticapitalista y antiimperialista no está en el plan del movimiento político que orienta a aquel marxismo».21

Esas diferencias con la URSS, que se expresaron sobre todo en la primera década de revolución, se hicieron manifiestas en la política cubana de apoyo a las guerrillas y movimientos de liberación nacional, en la entusiasta invitación y acogida a sus líderes del Tercer Mundo en los encuentros de la Tricontinental (1966) y OLAS (1967), y en las experiencias revolucionarias e internacionalistas de Cuba en distintos países y la del Che en el Congo y Bolivia; todo lo cual, contradecía la política de coexistencia pacífica de la URSS en medio de la guerra fría.

Es imposible examinar por separado, esos factores que hemos distinguido, pues parecerían contradictorios entre sí. Y realmente lo son. La revolución era, por definición, un hecho que encontraba su racionalidad en las contradicciones que experimentaba, las previstas, las que quedaban al cuidado de la espontaneidad, la improvisación, la premura, la voluntad de ruptura y radicalidad, la combinación entre empirismo y desconocimiento; o bien a encargo de quien correspondiera en la división política del trabajo que se decidía en términos de disposición y confianza. Más que factores concurrentes para la adopción del M-L y su enseñanza, operó una sinergia política compleja. Es probable que la sumatoria de todas sus combinaciones, más el «déficit teórico» existente (Osvaldo Dorticós, Presidente de la República),22 y las inclinaciones del tablero geopolítico, condujeran definitivamente a la asunción específica del M-L.

Por tanto, respecto al marxismo y su enseñanza inicial, no puede esperarse encontrar una racionalidad previa, programada, y trazada con instrumentos cartesianos. Al inicio, se hizo lo que se pudo, pero también, se dejó de hacer lo que se pudo, cuando a mitad de los 60 sonó la alarma académica respecto al M-L.

Así, la instrumentación de la enseñanza del marxismo normada en la Reforma Universitaria, se presentó desde el principio a la manera del M-L. Se produjo la importación a gran escala de manuales soviéticos en español; la promoción de monografías y Manuales de M-L en las Reseñas de Cuba Socialista (1961-1967), Teoría y Práctica (de las EIR, 1963-1967), y Fundamentos (del PSP, 1941-1961); comenzó la presencia de asesores soviéticos —en la Carrera de Filosofía Marxista-leninista de la Universidad de La Habana, estuvieron hasta avanzados los años 80—; y la formación emergente de profesores para la enseñanza del M-L en todas las carreras (fueron seleccionados estudiantes de distintas carreras para su habilitación; los de la UH se formaron en la Escuela «Raúl Cepero Bonilla», con profesores cubanos e hispano-soviéticos).

El M-L se entronizó no solo en la dimensión cognoscitiva y metodológica (concepción, sistema de conocimiento, y organización de esos saberes), ni a través de los medios empleados (Manuales, monografías, asesores, etc.). También alcanzó a determinar el destino de ciertas carreras, cuya pertinencia, o más bien, no pertinencia, fue medida con el dogma M-L. La Sociología fue calificada de ciencia burguesa, se dijo que lo apropiado era estudiar el «materialismo histórico» del M-L, y se decidió cerrar la carrera que fue feneciendo de a poco (hasta 1990 que se reabre). Igual destino corrió la carrera de Ciencias Políticas, con la diferencia de que hasta hoy, permanece solo como especialización de postgrado, a pesar de su obvia pertinencia para el socialismo en Cuba. La carrera de Antropología, nunca ha abierto, confinando su vida académica a los estudios de postgrado. El cierre del primer departamento de Filosofía de la UH, formó parte igualmente, de la entronización definitiva del M-L en la enseñanza y en su trazado institucional de la política.23 En una valoración posterior, Fernando Martínez Heredia, sentenció: «el predominio del marxismo soviético ejerció un efecto funesto», y «el pensamiento social recibió un golpe abrumador».24

Otro de los efectos institucionales de la adopción del M-L en medios universitarios, fue la postergación de la carrera de Filosofía. Bajo el mismo presupuesto M-L, de que no había marxismo ni Filosofía auténticos que no fueran los que este tipo peculiar de marxismo sustentaba, se decidió que la Escuela de Filosofía, «su organización y currículo», quedaran «en suspenso hasta el próximo curso».25 Era una manera de ganar tiempo, para crear las condiciones de un evento que demoró hasta 1976: la apertura de una carrera de Filosofía marxista-leninista. Hipótesis que es posible corroborar con las palabras de Carlos Rafael Rodríguez en 1962: «en cuanto a la Filosofía, la Universidad ha mostrado el máximo respeto. Hubiera sido fácil, pero también irresponsable, elaborar un currículo apresurado, improvisar profesores y salir con esas limitaciones a la nueva enseñanza. El Consejo Superior de Universidades ha preferido, por el contrario, obrar con cautela. La Filosofía que la Universidad socialista ha de enseñar tiene que ser materialista, marxista-leninista. Y para ello hay que preparar al profesorado indispensable y los textos adecuados. De ahí que se haya diferido la creación de esa Escuela».26

El sesgo M-L conque fue concebida la carrera en 1976, determinó que el Plan de Estudio no comprendiera al resto de los marxismos, y solo se estudiaban tres marxistas: Marx; Engels; Lenin. Tampoco se estudiaban otras experiencias históricas de socialismo (se hicieron algunos intentos a fines de los 90). No comprendía el pensamiento cubano y latinoamericano marxista o no (se incorporó en 1987). Y toda la Filosofía contemporánea se presentaba como «burguesa» —nombre y contenido unilateral—, a pesar de los aportes de la mayoría de esos filósofos a la comprensión crítica del capitalismo y su episteme, y sin los cuales, no habría surgido incluso, el marxismo. El Plan de Estudio omitía los contextos de génesis de las distintas teorías, y se estructuraba a partir del dogma de las «fuentes» y «partes» del marxismo. Incluso, existían las subpartes como el Materialismo Dialéctico (MD) y el Materialismo Histórico (MH). Esta específica fragmentación al interior de la Filosofía del M-L, traía por consecuencia la prioridad del MD sobre el MH —como herencia de El Materialismo dialéctico y el materialismo histórico de 1938 firmado por Stalin—, relegando lo que fue prioridad en Marx, Engels, y Lenin: el estudio de la historia, la economía, la política, la sociedad.

El Plan de Estudio de la Carrera de Filosofía marxista-leninista, a espaldas de toda otra corriente marxista y de las investigaciones internacionales que se iban actualizando, contaba a su favor, sin embargo, con la dedicación e inteligencia de su claustro.

Por otro lado, la apertura como carreras independientes de Economía Política y Filosofía Marxista-leninista (la de Comunismo Científico se estudiaba en la URSS, y en la Facultad de Filosofía de la UH, existía un Departamento de esta especialidad), consagró de manera institucional, el saber que ya el M-L dividía erróneamente en «partes» del marxismo. La consecuencia de esta división, fue la formación unilateral de especialistas en marxismo. Los graduados en Filosofía marxista-leninista no dominamos a plenitud la Economía Política, y viceversa, o más bien no tenemos un conocimiento integral del marxismo.  Además, en el caso de Filosofía marxista-leninista, se presentaba el problema de un perfil hiperestrecho —contra toda norma del MES—, problemas de mercado laboral, homologación de Títulos; carga simbólica negativa sobre los graduados; etc.

Estos problemas que condujeron a la formación limitada de los especialistas en marxismo, son conocidos más allá de los claustros de las propias carreras. La profesora de la Universidad de Artemisa Carmen J. Pulido, por ejemplo, ha planteado su consideración en años recientes: «el fracaso del modelo de socialismo soviético no significó el fin de la crisis del marxismo en Cuba, por el contrario. Tras largos años de predominio de aquella ideología, en el sistema educativo superior cubano referente a la enseñanza del marxismo, quedaron al descubierto los siguientes problemas»: 1) «no existía una base ideológica propia que reemplazara al marxismo soviético»; 2) «las carreras relacionadas con el marxismo eran de perfil estrecho y no había una correcta interrelación entre los sistemas de conceptos y habilidades de las partes integrantes, lo que impedía concebir el marxismo como un todo».27

Realmente, el M-L absolutizó como principio cognoscitivo, metodológico, didáctico, estructural, e institucional —por encima de otros principios—, lo que constituye en Engels (Anti-Dühring, 1878), Kautsky (Las tres fuentes del marxismo. La obra histórica de Marx,1907, publicada en 1908), y en Lenin (Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, 1913), una forma organizativa del saber, en un contexto que exigía la extensión de nociones elementales de marxismo entre los obreros a fines del siglo XIX e inicios del XX. Para la época, esa división formaba parte del proceso de sistematización positiva de la fisonomía del marxismo que, como corriente teórica y política, se encontraba abierto, en formación y disputa. Por otra parte, y al menos en el caso de Lenin, ese texto se redactó a partir de los escritos de Marx disponibles (editados y conocidos) para la fecha.

Ciertamente, esos pasajes y obras marcan el recorrido de lo que llegaría a ser posteriormente, la fragmentación definitiva del marxismo, convertida en dogma característico del M-L. Pues este, como toda expresión teórica, posee sus premisas declaradas o no, que no se agotan, por cierto, en la problemática de la división.

La instrumentalización del marxismo en «partes» y «fuentes» opacaba la complejidad crítica y revolucionaria del discurso marxiano en particular, en favor de su presentación como discurso positivo (no crítico). Así mismo, desintegraba —cambiando su sentido— lo que en el marxismo originario constituyó una teoría unitaria de la revolución social. Los primeros análisis críticos de esta fragmentación, llegarían en la década del 20 con los textos de Karl Korsch y de Georg Lukács, justamente, como reacción hacia la vulgarización del M-L en construcción.28

Ese dogma, que en su momento determinaría en Cuba la división institucional de la enseñanza del marxismo en dos carreras, Filosofía marxista-leninista y Economía Política, permanece hasta hoy en la organización del saber establecido en la Disciplina de M-L que se imparte en toda la Educación Superior.

Como parte del necesario proceso de superación del M-L y sus dogmas, en el año 2020 se logró establecer que la carrera de Filosofía marxista-leninista instituida en 1976, se denominara Filosofía. Así, se puso en orden la nomenclatura con sus contenidos y concepción, que habían sido vueltos a perfilar a inicios de los 90, incorporando sobre todo el estudio de otros marxismos, lo que sobrepasaba los límites del M-L.

Esta denominación legitimaba, además, la enseñanza de toda la Filosofía posible: la soviética, pero también, la cubana, latinoamericana, oriental, occidental, etc., cada una con planteamientos conceptuales identitarios y a su vez diversos, que exceden el criterio geográfico propiamente. Pero tenían en común, y es lo interesante, la ruptura con el M-L. Otro dato de interés, el cambio de nombre de la carrera, legitimaba también la enseñanza de todos los marxismos posibles, y no solo del M-L.

Realmente, estos procesos estaban en marcha desde años atrás, gracias a la voluntad y decisión personal de sus profesores. Así, habían entrado al Plan de Clases de la Disciplina de marxismo de esta carrera: Luxemburgo; Trotski; Lukács; Korsch; Gramsci; la Teoría Crítica; Althusser (este último había sido introducido desde mitad de los 80); etc. Y, por cierto, los marxistas herejes del primer Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, comenzaron a ser estudiados en pregrado a través de cursos optativos; y su obra, a ser investigada tanto en pregrado como en postgrado de las especialidades de Historia y Sociología, no solo de Filosofía. Habían sido aquellos profesores de los 60, quienes, desde la academia, dieron la voz de alarma en relación con el nocivo M-L y su enseñanza.

El origen de la crítica al M-L desde la academia: el primer Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana (1963-1971)

En la academia y con fecha tan temprana como la mitad de los 60, se había iniciado el cuestionamiento al M-L en la enseñanza, desde el primer Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana29 (en su etapa más creativa, dirigido por Fernando Martínez Heredia). Después de una formación inicial en el M-L, un segmento insatisfecho de ese colectivo comenzó otras búsquedas marxistas, que fueron recogidas en numerosos documentos del Departamento, de carácter docente, de superación, y de proyecciones editoriales. Estas intenciones y el rechazo a la enseñanza del M-L, se materializaron en el segundo lustro de los 60. A continuación, algunos ejemplos:

1- La «Polémica de los Manuales» de 1966. Se desarrolló entre Aurelio Alonso (Premio Nacional de Ciencias Sociales), que representaba a un segmento de profesores del Departamento, y por otra parte, Humberto Pérez y Félix de la Uz, representantes de las EIR. Estos últimos, y Lionel Soto, director de las Escuelas, declaraban que los manuales no eran el medio óptimo, pero sí el necesario para ese tipo inicial de enseñanza y nivel de escolarización. Aurelio Alonso desde la UH, cuestionaba los contenidos mismos de los manuales. Dichos textos eran resultado de un pensamiento ajeno al marxismo y formaban, por tanto, un modo de pensar no marxista: «la estructura teórica que atribuyen al marxismo conforma un modo de pensar radicalmente distinto del que puede permitir un análisis histórico semejante al que Marx hizo […].30

En su aspecto formal, la posición de Aurelio se correspondía con lo establecido por la Reforma Universitaria, que hacía constar: «se proscribe el libro de texto único, aunque se acepta el libro de texto-guía en los casos de reconocida conveniencia».31

Un principio semejante, compartido por la vanguardia intelectual del Departamento, fue puntualizado en la Introducción a sus Lecturas de Filosofía (1966 y 1968): 1) «la mejor selección posible» consiste en la «diversidad de autores, épocas, estilos, propósitos», 2) «desde el punto de vista pedagógico, sería mejor resaltar expresamente la interpretación de un conjunto de puntos de vista de cuestiones distintas […]»; 3) «una divulgación sin problemas es mera declaración. Si, además, pretende […] ser un tratado contentivo o explicador de todo lo existente, se convierte en una limitación real de la posibilidad de pensar del alumnado, y, naturalmente, niega la existencia de la ciencia que pretende divulgar»; 4) «la divulgación ordenada de lo adquirido… siempre será para una ciencia, un fragmento del conocimiento posible».32

Todo eso, en evidente crítica a la soberbia manualística del M-L, en tanto decía reunir y enseñar, todo el marxismo. Téngase presente, que ningún otro tipo de marxismo en la historia, se ha atrevido a declarar semejante cosa (¡!). Es por eso que los manuales repiten eternamente el mismo sumario, solo cambiando el orden según la época y autor, pues ya todo estaba dicho, desde el primero de ellos. Para seguir su secuencia de edición, y comprobar el inmovilismo impertérrito de sus contenidos que permaneció hasta el último manual a cargo de Volkov y editado en 1983, así como para examinar la progresión histórica que condujo a la constitución del M-L, pueden consultarse sendos artículos recientes, del académico Xavier Baro i Queralt.33

La objeción a los manuales de M-L en la Cuba de los 60, provino también, en 1964, del Presidente de la República Osvaldo Dorticós: «[…] lo ideal sería el método de las distintas fuentes […] Yo creo que todo lo que incite al estudiante a leer, es lo mejor. Y el estudio abusivo del manual es el modo mejor de que los estudiantes no lean ni estudien… Cuando un estudiante tiene todos los problemas resueltos en un librito, en un manual, en un texto,… jamás aprende a estudiar por sí solo, jamás aprende a leer […]».34

El Che, en carta a Hart de 1965, denominaría a los Manuales «ladrillos soviéticos», apuntando que «tienen el inconveniente de no dejar pensar […] Como método es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos».35 Fernando Martínez aprecia en esa carta, la plena conciencia del Che de sentar los estudios marxistas en presupuestos cognoscitivos, metodológicos, y políticos diferentes a los sostenidos por los soviéticos:  el «punto de partida» e «intención» del Che, «los fines y la ambición de su propuesta formativa para revolucionarios marxistas cubanos», resultan «totalmente diferentes a los del complejo teórico-ideológico de matriz soviética».36

El Che mencionaba su interés (siempre crítico) en «heterodoxos» (como Luxemburgo y Hilferding) y en autores «capitalistas», ambos tipos de lectura proscritas por el M-L. Y sugiere al Ministro de Educación, que el plan de aprendizaje que se ha trazado: «puede ser […] mejorado […] para constituir la base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar […] El plan mío […] puede adaptarse a publicaciones serias de la Editora Política». Esta se caracterizaba por «la profusión de autores soviéticos y franceses», lo que obedecía a «la comodidad de la obtención de traducciones y a seguidismo político».37 Dos observaciones sobre las palabras del Che: una, «así no se da cultura marxista al pueblo»; dos, la bibliografía disponible, no permitía pensar.38

No todo el marxismo producido en la URSS era M-L vulgar y de manual, pero sí la inmensa mayoría del que se enseñó y socializó en Cuba. Por otro lado, buena parte de la producción teórica que en la propia URSS aspiraba a otros desarrollos, se encontraba enmascarada en las formas propias del M-L y sometida a sus dispositivos disciplinarios. Esto era identificable particularmente, en sus problemáticas, retórica (formas, estructura, referencias infaltables a lo canonizado por el M-L), y en el refugio que brindaban temas abstractos, como manera relativamente segura de escribir. Los especialistas señalan entre este grupo de evasores del dogma M-L soviético a Rubienstein, Kedrov; Losev, Tolstyj, y en particular al posmorten internacionalmente muy exitoso Evald Ilienkov —publicados en Cuba—, de quien se dice, aborrecía el «diamat» e «hismat». Sometido sin embargo, a violencia intelectual e institucional, se señala por ejemplo, que su problemática Dialéctica de lo ideal, experimentó censura por varios años, y fue finalmente publicada en formato reducido y con otro título. Se suele narrar otro episodio en que Ilienkov fuera invitado a participar en un Simposio Internacional de Filosofía en la Universidad de Notre Dame, y, sin embargo, se le prohibió su participación. Todo esto, formaba parte en la URSS de los dispositivos de control del M-L.39

Esa experiencia conflictiva del marxismo en la URSS, es conocida en Cuba entre los especialistas. El profesor e investigador cubano Premio Nacional de Ciencias Sociales, Juan Valdés Paz, señaló al respecto: «las Ciencias Sociales del socialismo real confrontaron en todas sus experiencias nacionales […] el dogmatismo, la censura, y ocasionalmente la represión». Valdés Paz se refirió a las consecuencias negativas de este fenómeno para el socialismo. Agregó que las Ciencias Sociales tendieron a ser suplantadas o enmascaradas por el M-L, lo que generó un retraso respecto a la producción teórica del capitalismo.40

En entrevista realizada por David Bakhurst —uno de los especialistas contemporáneos más importantes sobre marxismo soviético— a Vladislav Lektorsky —uno de los filósofos más destacados de la era soviética, miembro de su Instituto de Filosofía y director Voprosy Filosofii, principal revista filosófica de la URSS—, este reconocía en 1992: «Nuestros viejos […] textos eran inleíbles, […] simplemente espantosos. Ahora todos admiten el por qué los estudiantes rechazaban su lectura».41

Hace diez años, el importante intelectual cubano Desiderio Navarro, preocupado por la reimpresión de manuales de M-L para la enseñanza en Cuba, rescató de la red y socializó, el juicio también crítico, de uno de los otrora autores soviéticos de manuales, que fuera Miembro de la Academia de Ciencias, y jefe del Departamento de Historia de Filosofía en la Universidad Estatal de Moscú, entre otras responsabilidades y máximos reconocimientos por su labor en el campo filosófico: T. I. Oizerman42 (por sus manuales estudiaron generaciones de cubanos). Como preámbulo, Desiderio exponía su preocupación: «publicado sin fecha por la Editorial Pueblo y Educación, está circulando una reedición parcial de uno de los clásicos de la manualística filosófica soviética: el Compendio de Historia de la Filosofía…, cuya primera edición en ruso tuvo lugar en Moscú […] hace 52 años. Su…distribución gratuita o venta en centros docentes […] al cabo de 32 años, luego del derrumbe del modelo de socialismo que dicha manualística preconizaba, de la argumentada crítica de la misma por destacados pensadores nacionales como Fernando Martínez Heredia, y de la continuada y casi total no-publicación del pensamiento marxista y de izquierda no-soviético por nuestras editoriales, nos impone algunas preguntas […]».43

Y sobre uno de los dogmas reiterados en los manuales, Oizerman expresó: «había un absurdo, “la cuestión fundamental de la filosofía” —¡qué tontería! En realidad, existen muchas cuestiones fundamentales […] Por eso se puede hablar de las cuestiones fundamentales de la filosofía, refiriéndose a decenas de ellas».44

Esta problemática tradicional del M-L, vulgarizada aún más en sus manuales, incluye el dogma no solo de las tres «partes» del marxismo, sino el del «problema fundamental de la filosofía» (entre otros). Sobre este último asunto, Aurelio Alonso comenta: «comparto la tesis de una superación de la clásica antítesis ser-conciencia (materia-espíritu, sujeto-objeto) por Marx […] Y a partir de ella […], una mirada distinta a la idea de la confrontación materialismo e idealismo hipostasiada en términos de «problema fundamental» […] No dudo en reconocerlo como fundamental, pero no como el único, no absoluto, ni como disyuntivo en todos los casos».45

Ese dogma del «problema fundamental de la filosofía», hiperboliza como principio metodológico lo que, en el Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, había planteado Engels. El M-L lo jerarquiza, y elabora una interpretación reduccionista de la Historia de la Filosofía, donde lo que interesa es clasificar a los filósofos en idealistas o materialistas, sin apreciar sus aportes teóricos y culturales. Esa clasificación la establece, además, a partir de un criterio distinto al de Marx, pues este interpreta la obra de los filósofos atendiendo a principios históricos (y no abstractos como, por ejemplo: ¿lo primario es el ser o el pensar?).

A pesar de que desde la mitad de los 60 se tenía conciencia en Cuba de los problemas teóricos del M-L y de su carácter nocivo, este quedaría confirmado como tipo de específico de marxismo a enseñar y socializar a partir de 1970/1971. Hoy, el M-L pervive y se reproduce (en sus problemáticas, estructura, metodología, concepción, etc.), aún sin su portador docente (el manual) y sin su referente simbólico (la URRS). El profesor del Pedagógico Varona, Felipe de J. Pérez Cruz, expresaba con fecha de 2017: «el dogma que creó los Manuales se ha metamorfoseado en nuestra docencia de la Filosofía, y su esencia se mantiene […] Los datos y hechos sobre la sobrevivencia del dogma marxista-leninista abundan. Para comenzar «por el principio», el tema de las fuentes y partes del marxismo es un buen ejemplo de permanencia».46 

2- Mientras en la actualidad las acciones para mejorar la enseñanza del marxismo permanecen esencialmente en el ámbito pedagógico y metodológico, aquel primer Departamento de Filosofía de los 60 se interrogaba a sí mismo, como método de trabajo. Y se formulaba la pregunta radical por la esencia del marxismo y por el marxismo que se imparte. Aurelio Alonso reflexionaba entonces: «si se pretende una comprensión marxista del marxismo» hay que convertir en «problema la pregunta ¿qué define al verdadero marxismo?». Para ello se debe «[…] evitar asimilar las ideas en esquemas estructurales que le son posteriores; por aprehenderlas en el contexto estricto de sus génesis […]». Y en un documento de trabajo del Departamento aparece la inquietante pregunta: «¿es o ha sido realmente la Filosofía marxista el cuerpo teórico del que hemos hecho siempre el centro de nuestra docencia […]?, ¿qué es, […] la Filosofía marxista? […] es preferible comenzar […] partiendo del estudio crítico […] de los caminos históricamente utilizados […] Y si hoy el marxismo retorna, […] a ser una Filosofía en revolución, no podemos […] formar al alumnado […], en un marxismo extemporáneo, sin historia, teologizado […] Hay que hacer comprender la verdadera historia del marxismo».47 Al parecer, la interrogación por la esencia del marxismo y su enseñanza, resultaba pertinente para Fernando Martínez Heredia, aún en 1995.48

3- Programa docente «Historia del Pensamiento marxista» (1968),49 en sustitución del Programa de M-L, segmentado en MD y MH. Además de la sustitución del M-L en sí, por un Programa que integraba el marxismo, se pretendía también desarrollar la enseñanza de las distintas teorías en el contexto histórico de su génesis (ver citas del párrafo anterior), y a partir de sus autores y obras, pues: «la enseñanza del marxismo no puede desvincularse de lo que el marxismo es, de los momentos de su propia historia».50

Esta concepción histórica era opuesta al sistema de conceptos abstractos y descontextualizados del M-L, que se encontraba alejado totalmente de la praxis política, y por tanto, del discurso de los propios Marx, Engels, y Lenin. También negaba la fragmentación hiperdisciplinar en Economía Política, MD y MH. Estos últimos son términos, por cierto, que no provienen de Marx ni de Engels, sino que fueron surgiendo en el proceso posterior de aprehensión y sistematización del marxismo, y en la medida en que, como parte de su asimilación positiva (no crítica) con fines divulgativos, el marxismo originario fue desagregándose en «partes»: «MH», Franz Mehring, 1893; «MD», Dietzgen, 1887, y Plejanov, 1891.51  También en estos sentidos, el M-L y su enseñanza, violenta al marxismo originario. Estos problemas históricos y teóricos que transmite masivamente la tradición docente del M-L, permanecen hasta hoy.   

4- El segmento de vanguardia de aquel Departamento docente, mostró interés en todo el marxismo, por lo que generaron o implementaron publicaciones que lo dieran a conocer a plenitud. Entre sus diversos proyectos editoriales se encuentran Ediciones Revolucionarias (1966)52 y Pensamiento Crítico (1967-1971, llegó a 15000 ejemplares). Esta revista es estudiada y referenciada hasta hoy en América Latina. En Cuba, desde mitad de los 90, se ha constituido en objeto de investigación y docencia, y son reconocidos sus aportes. Ambos proyectos publicaron a marxistas censurados o ignorados por el M-L con su actitud sectaria y censora: Trotski; Lukács; Korsch; Preobrazhenski; Deutcher; Althusser; Adorno; etc. Autores jamás vueltos a publicar en Cuba, a pesar de ser imprescindibles para comprender el capitalismo, las revoluciones y el socialismo. Solo Gramsci y Luxemburgo han sido publicados desde los 90, de manera muy limitada y a partir de voluntades institucionales y hasta personales.

Los cuestionamientos al M-L y su enseñanza desde la academia (y no solo desde ella) se acumulan por 60 años, y han sido recogidos en artículos, ensayos, libros, y documentos de trabajo docentes.Listando ejemplos deépocas más recientes, pueden encontrarse: ¿Qué marxismo está en crisis?, artículo de Jorge Luis Acanda (profesor de la UH, 1995); Mesa redonda «Algunos problemas de la Filosofía Marxista y su enseñanza en Cuba» (profesores de la UH y especialistas con experiencia docente, Temas. no. 3, 1995); documentos elaborados para el cambio de nombre y titulación de la Carrera de «Filosofía M-L» por el de «Filosofía» (2017-19, Dpto. de Filosofía Especialidad, UH); artículos provenientes de investigaciones realizadas en la Facultad de Filosofía e Historia de la UH que se han publicado en los últimos años en libros y ensayos; y documentos de trabajo circulados institucionalmente con el propósito de revertir la situación que presenta la enseñanza del marxismo.

La preocupación por la persistencia del M-L, también se ha planteado en años recientes por docentes de otras Universidades cubanas. En palabras del profesor del Pedagógico Varona de La Habana fechadas en 2016, Felipe Pérez Cruz: «el marxismo-leninismo se caracterizó por su afán normativo en cuanto a “pedagogizar” el marxismo. Se concretó a través de una sistematización y reelaboración de la teoría creada por los fundadores del marxismo, que pretendió articular en un solo discurso textual, las concepciones y aportes de Marx, Engels y Lenin e inicialmente Stalin. Tras la crítica a Stalin, se sacó de la propuesta toda referencia a este, de ahí el guion marxista-leninista». Refiriéndose al marxismo originario, afirma que el M-L lo «desnaturalizó» e hizo de su legado, «una amalgama ahistórica y triunfalista, donde no hay momentos de acumulación, ensayos, juicios erróneos, rupturas internas, y rectificaciones. Se trata de un pensamiento lineal, […] que proyectó un alto grado de simplificación mecanicista».53

Profesoras de la Universidad de Sancti Spíritus, compartían en 2018 esa preocupación: «a lo largo de varias décadas se ha reducido la enseñanza de la Filosofía al marxismo-leninismo». Adicionalmente, comentan sobre la afición a sus Manuales estimulada por una «política educativa orientada hacia el empleo de esos textos», que «condujo a la interpretación lineal […], alejó a estudiantes y profesores de la obra de los clásicos,… a la reducción vulgar de la Filosofía al marxismo, así como a la repetición mecánica de esos contenidos».54

Hegemonía definitiva del M-L, a partir de 1970-7155

Determinados eventos políticos56  como la integración a partir de 1970-71 al sistema socialista y al CAME; y el alineamiento definitivo —en condiciones de bipolaridad— a la URSS y al PCUS —relaciones que en los 60 habían experimentado contradicciones—, se proyectaron sobre la esfera ideológica y sus estrategias. El Primer Congreso de Educación y Cultura (1971);57 las Tesis y Resoluciones sobre la enseñanza del M-L aprobadas en el Primer Congreso del PCC (1975); la Constitución de 1976 y su normativa del M-L; y en otro orden, la organización administrativa que dio origen al MES (1976) y que requería homogeneidad; confirmaron la adhesión al tipo específico de marxismo soviético conocido como M-L, y la implementación universal de su enseñanza. Los estudios quedaron disciplinados hasta la actualidad, a la norma del M-L.

Aurelio Alonso, describió este contexto y sus efectos para el marxismo: «se escogió esta coyuntura para marcar el giro hacia la oficialización de la versión soviética del marxismo y la proscripción de las heterodoxias reales o supuestas […], el rechazo doctrinal del pensamiento social fuera del marxismo y la cancelación del espacio polémico […] El marxismo-leninismo que se expandió desde entonces no se movió dentro de las coordenadas que ampliaran la reflexión, sino que fue el mismo resumido por los Manuales». Esto ocasionó «el ocaso de una pluralidad creativa marxista y de una cultura de debate».58

Joaquín Santana, profesor de generaciones en la carrera de Filosofía de la Universidad de La Habana, confirma: «la interpretación soviética del marxismo-leninismo y su interpretación filosófica devienen predominantes, y dan lugar a un proceso masivo de aprendizaje en las Universidades y otras instituciones docentes, caracterizado en general por sus tendencias manualescas, escolásticas, y homogeneizantes […] En estos años el dogmatismo cobra enorme fuerza y provoca un estancamiento de la creación intelectual en las ciencias sociales. Se restringe o prohíbe el estudio de autores no santificados por la ortodoxia. El debate real cede terreno a la discusión escolástica, y la diversidad de opiniones y los criterios alternativos casi desaparecen de la escena académica para ser sustituidos por un chato unanimismo».59

Pablo Guadarrama, reconocido profesor, investigador, y marxista cubano —con un magisterio y tradición establecidos sobre pensamiento cubano y latinoamericano, tanto en la UCLV como en América Latina—, confirma que el «marxismo manualesco fundamentalmente de procedencia soviética» estaba presente desde los años 60, «pero su predominio se haría sentir mucho más, durante la década del setenta hasta principios de la del ochenta». En consecuencia, se «produjo cierto enquistamiento» e «interpretaciones simplificadoras» de la Filosofía y otras ciencias sociales.60

Fernando Martínez: «Cuba se sujetó ideológicamente a la URSS y consideró antisovietismo y diversionismo ideológico todo lo que se diferenciara de esa sujeción. El pensamiento social recibió un golpe abrumador. Se cerró de tal manera el espacio, que las corrientes no marxistas fueron malditas […] Dentro de las corrientes marxistas se afirmó que sólo la soviética era la acertada y la correcta […], por lo que se redujo el marxismo […] al llamado marxismo-leninismo».61

En una caracterización de lo sucedido en los años 70 y 80, la profesora e investigadora de la carrera de Filosofía en la UCLV María Teresa Bormey, ha expresado refiriéndose a la «bibliografía soviética» que fuera utilizada «sobre todo en la docencia»: «debe ser vista […] como parte de la circulación del marxismo bajo la forma de “marxismo-leninismo”». Señala que, mientras «la institucionalización supone […]  que los procesos de la crítica, la lucha ideológica, las relaciones con la religión, el arte, etc., discurran por cauces establecidos para ello», «a la docencia universitaria no se le concebía exactamente, como el lugar para el desarrollo del pensamiento o la investigación, sino para la enseñanza y la divulgación».62

Profesoras de la Universidad de Sancti Spíritus, confirman lo particular de la coyuntura política de inicios de los 70, para la proyección hasta la actualidad del M-L: «se mantiene la directiva oficial en cuanto a la orientación marxista-leninista de la enseñanza de la filosofía en los diferentes niveles de enseñanza. Aunque se han introducido contenidos como: la globalización, la identidad cultural, entre otros».63

La adopción específica del M-L en la Educación Superior, con carácter definitivo, privó a las sucesivas generaciones de jóvenes estudiantes y de ciudadanos, hasta hoy, del estudio del marxismo todo (siempre con un arreglo pedagógico): obras, autores, teorías, estrategias y tácticas, etc. Fenómeno de consecuencias muy negativas, no solo para el conocimiento del marxismo, sino para su desarrollo y empleo efectivo con fines revolucionarios y profesionales.64 El error consiste en perseverar, desconociendo las voces que conformaron y conforman ese sector intelectual que, ciertamente, no ha sido ni es mayoritario. Sin embargo, la dimensión de la obra intelectual marxista de la mayoría de los citados, que ha sido reconocida y premiada en Cuba y América Latica, avalan la calidad de sus planteamientos. La situación en la actualidad, acumula un daño que solo podrá ser recuperado a nivel de conciencia social, en otras décadas de política realista y científica, hacia el marxismo y su enseñanza.

Notas

* Notas previas: 1) La autora investiga la enseñanza del marxismo en Cuba, desde 1994; 2) aunque no forma parte de este artículo, se reconocen logros alcanzados, como la constitución de un segmento de estudiosos del marxismo, algunos de ellos con relevancia en América Latina; la publicación de artículos y libros; y la apertura hacia estudios de la historia reciente del marxismo en Cuba; 3) el objetivo de este escrito, es socializar puntos de vista críticos y propositivos, sobre lo que ha sido y es la enseñanza del marxismo en Cuba, bajo la forma de “marxismo-leninismo”. Por esa razón, se presentan con amplitud, un conjunto de consideraciones emitidas por marxistas distinguidos con Premios Nacionales de Ciencias Sociales y 4) aunque las cuestiones teóricas e históricas del marxismo que se argumentan, están avaladas por especialistas internacionales reconocidos, nos remitimos exclusivamente, a los criterios de especialistas cubanos.

2 La Reforma de la enseñanza superior en Cuba. Revista Universidad de La Habana, ene-feb, No. 154, 1962, p. 32.

3 Rodríguez, Carlos Rafael. La Reforma Universitaria. Economía y desarrollo, No. 2, 2012, págs.274; 279; 280; 283. Por otra parte, el texto de la Reforma se refería a los “supuestos graduados de Filosofía y Letras, que no completaban sus estudios en ninguna de ambas ramas”. La Reforma de la enseñanza superior en Cuba. Edición citada, p. 32.

4 “Que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba”. Che Guevara, Ernesto. Discurso al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas. La Reforma Universitaria. Desafíos y perspectivas noventa años después. CLACSO, 2008, p. 284.

5 Mella, Julio Antonio. ¿Puede ser un hecho la Reforma Universitaria? La Reforma Universitaria. Desafíos y perspectivas noventa años después. Edición citada, pp. 217-218.

6 Fidel expresó en 1961: “…si cuando se fundaron las escuelas se hubiera dicho: van a ser escuelas de marxismo–leninismo,.. algunas gentes hubieran sentido todavía algunos reflejos condicionados… Y, por supuesto, las palabras instrucción revolucionaria podía ser una denominación más correcta para lo que son estas Escuelas”. Castro, Fidel. Se enseña haciendo y se hace enseñando. EIR, 1962, p. 11. El director de las EIR, Lionel Soto, comentaba en 1961: “hemos contribuido…a crear la fiebre de aprender … la ciencia del M-L”. [Las EIR] “se fundan antes que las ORI, y de que se proclamara el carácter socialista. Constituidas estas, con la afirmación de que el M-L es la ideología de la revolución, se han suprimido las dificultades existentes”. Las Escuelas de Instrucción Revolucionaria y la formación de cuadros. Cuba Socialista, No. 3, 1961, p. 31.

7 En la Segunda Parte del texto de la Reforma, se establecía el lugar específico de estas Asignaturas en el currículo de cada carrera. La Reforma de la enseñanza superior en Cuba. Edición citada, Parte II. Según señala Thalía Fung: comenzó la impartición de cursos elementales de marxismo-leninismo sobre la base de a) algunos trabajos de Marx, Engels y Lenin, y b) manuales de procedencia soviética, junto a materiales elaborados por los cubanos, entre los cuales, un lugar muy importante ocupó el libro de Blas Roca «Los fundamentos del socialismo en Cuba». Se formó una Escuela para la preparación de los profesores de marxismo-leninismo, (Cepero Bonilla) a partir de graduados universitarios de distintas carreras, y se organizó el primer contingente de profesores universitarios de Filosofía marxista-leninista. Fung Riverón, Talía. Problemas de la apropiación del marxismo después del ’59. El marxismo en Cuba. Una búsqueda. Fornet Betancourt, Raúl (ed.). Teoría, crítica e historia. Cuba. Estudios generales. Proyecto Ensayo Latinoamericano. Filosofía, literatura: aportes cubanos en los últimos 50 años, Concordia Serie Monografía, 1999, www.ensayistas.org, s/p.

8 Rodríguez, Carlos Rafael. Rodríguez. La Reforma Universitaria. Edición citada, pp. 284-285.

9 Alonso Tejada, Aurelio. Marxismo y espacio de debate en la revolución cubana. El laberinto tras la caída del muro. Ruth Casa Editorial, CLACSO, Buenos Aires, 2009.

10 Entre los investigadores cubanos que han estudiado el movimiento comunista cubano, la historia de su Partido, y los vínculos con el PCUS y el movimiento comunista internacional (con accesos a Archivos en Moscú), se encuentra la Dra. Caridad Masón Sena. De sus artículos, puede consultarse: Comintern y comunismo en Cuba. Una reflexión crítica. Revista Izquierdas, No. 7, 2010. Esta línea también ha sido trabajada por Rafael Soler Martínez, Angelina Rojas, y Orlando Cruz Capote.

11 Programa del PSP (1959-60). PSP. VIII Asamblea Nacional. Ediciones Populares, La Habana, 1960, p.658.

12 Ver, por ejemplo, autocríticas del PSP. Roca, Blas. Balance de la labor del Partido desde la última Asamblea Nacional y el desarrollo de la revolución. Ídem., p 44. Conclusiones de Blas Roca sobre los puntos II; III; IV del orden del día. Ídem., p. 403. Palabras de una de las especialistas cubanas más reconocidas por su aporte a la historia del PSP: “cuando se produjo el Asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, los comunistas reconocieron la intencionalidad revolucionaria de los moncadistas, aún con la discrepancia táctica respecto a la dirección del movimiento y al método de lucha. En Memorando escrito poco después de esos sucesos, al tiempo que reiteraba su oposición al putchismo, en tanto lo entendían contrario a la movilización popular y, en última constancia, a la insurrección popular, se reconocía que el 26 de Julio había “hecho esfuerzos por darle forma de masas a su movimiento”, afirmaba comprender los motivos en que el 26 basaba su posición, y les propuso “una posposición de sus planes insurrecciónales y la adopción de la llamada línea de agosto, es decir, la línea del desarrollo de la lucha de masas y la preparación de la insurrección como culminación de esa lucha para asegurar el triunfo del pueblo.” Y afirmaban: “Sobre esa base podemos llegar a un acuerdo concreto y crear las condiciones objetivas y subjetivas que pueden y deben garantizar el derrocamiento de la tiranía, sin que quede nada al azar o a la aventura”. Precisaban además que, si la dirección del Movimiento 26 de Julio decidía seguir adelante con su táctica de lucha armada inmediata, el PSP, a pesar de su desacuerdo, “como partido revolucionario de la clase obrera y del pueblo, declara que no se cruzará de brazos ante una acción armada seria, y que en esa eventualidad asumirá la actitud de llamar a las masas a tomar la calle para desarrollar la situación y conducirla a la derrota de la tiranía y a la apertura ante el pueblo de Cuba de los caminos para poder plantear las soluciones de fondo que exigen los problemas cubanos”. Rojas Blaquier, Angelina. La unidad como factor de triunfo. El PSP entre 1952 y 1961. Calibán. Revista cubana de pensamiento e historia, abril-mayo-junio, 2009, p. 40

13 Díaz Castañón. María del Pilar. Ideología y revolución: Cuba, 1959-1962. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, 115

14 Roca, Blas. Los fundamentos del socialismo en Cuba. Ediciones Populares, La Habana, 1960, cap. I. Ver las valoraciones de la profesora e investigadora de FLACSO, López, Delia Luisa. Pensar y hacer democracia. FLACSO, Buenos Aires, 2004, p.12.

15 Aunque el sectarismo no es reductible a un tipo de marxismo, de ideología política, religión, etc., el M-L se caracteriza por ser particularmente sectario. En el PSP permaneció como convicción en parte de sus militantes, se expresó de distintas maneras en los años 60 y después (en el Arte y la Cultura, en la enseñanza). Por ejemplo, en su beligerancia contra lo que consideraban ideología trotskista en la revolución. Téngase presente que el M-L nace en Rusia en oposición sobre todo al trotskismo (también al luxemburguismo, al sindicalismo, etc.). Ver: Informe del Comandante Raúl Castro, Presidente de la Comisión de las FAR y de la Seguridad del Estado del Comité Central, ante la reunión de este organismo del Partido. Reunión del CC del PCC durante los días 24-25-26 de enero de 1968. El militante comunista. Suplemento, febrero de 1968, pp. 16-17.

16 El Dr. en Historia e Investigador titular del Instituto de la Historia Universal de la Academia de las Ciencias de Rusia, Andrey Schelchkov, afirma: “además de los estudios basados en el archivo de la IC, que realmente son inagotables por su tamaño, hoy día se abre un nuevo frente de investigaciones con la apertura del Archivo del CC del PCUS correspondiente a los años ‘50-’80. Obviamente, los más requeridos por los investigadores son los materiales relacionados, por ejemplo, con la guerrilla del Che Guevara en Bolivia”. Schelchkov, Andrey. La izquierda latinoamericana en los estudios ruso-soviéticos. Políticas de la Memoria, n° 20, 2020, págs. 17;19.

17 El Partido marxista-leninista. Editado por la Dirección Nacional del PURSC, 1963 (65 000 ejemplares).

18 Martínez Heredia, Fernando. Izquierda y marxismo en Cuba. El corrimiento hacia el rojo. Editorial Letras Cubanas, 2001, p. 93.

19 Ver: Blanco Castiñeira, Katiuska. Fidel Castro Ruz: guerrillero del tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la revolución cubana. Ediciones Abril, La Habana, 2011, T.I, págs. 251; 253. Ramonet, Ignacio. Cien horas con Fidel. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, pp. 124-126.

20 Ver, por ejemplo: Posición de Cuba ante la Crisis del Caribe. COR, 1962. Discurso pronunciado por Fidel, Primer Secretario del PCC y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario en el Acto de Presentación del Comité Central del PCC. (3-10-65). Granma, 4 de octubre, 1965. Discurso en Acto de Clausura de la I Conferencia de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y A. Latina. (15-1-1966). Granma, 16 de enero, 1966. Discurso de Fidel en la Clausura de OLAS. El Orientador Revolucionario, Nº. 19, agosto de 1967. Discurso de análisis de los acontecimientos de Checoslovaquia. Intervención de Fidel el 23 de agosto de 1968. Ediciones COR, No 16, 1968.

21 Martínez Heredia, Fernando. Prólogo. Apuntes filosóficos. Ernesto Che Guevara. Ocean Sur, 2012, pp. 10-12.

22 Acta de la visita del Presidente de la República Osvaldo Dorticós al Departamento de Filosofía de La Universidad de La Habana. (20-2-64). Inédito. Archivos personales del profesor José Bell Lara, p. 14. Se relacionan las autoridades presentes: Osvaldo Dorticós, Presidente de la Republica; Armando Hart, Ministro de Educación; Juan Mier Febles, Rector; Secretario del Consejo Nacional de Universidades.

23 Sobre el sacrificio de la Carrera de Sociología en favor del M-L, véase: Muñoz, Teresa. Los caminos hacia una Sociología en Cuba. Avatares históricos, teóricos y profesionales. Sociologías, vol. 14, 2005, pp. 367-368. Martínez Heredia, Fernando. Izquierda y marxismo en Cuba. Edición citada, p. 101. Sobre el cierre de Sociología y Ciencias Políticas, y su vínculo con el M-L: “para las Ciencias Sociales soviéticas, el Materialismo Histórico sustituiría no solo a la Ciencia Política, sino también a la Sociología. Por tanto, los estudios de la política se basaron en los Manuales soviéticos…” Alzugaray, Carlos. La Ciencia Política en Cuba: del estancamiento a la renovación (1980-2005). Revista de Ciencia Política, No. 25, 2005, pp. 140-141. Sobre la no apertura de una Carrera de Antropología: Garcés Marrero, Roberto. Marxismo soviético y antropología. El caso de Cuba. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México, núm. 57, 2020.Sobre el destino del primer Dpto. de Filosofía, se han publicado numerosos testimonios, y desarrollado un buen número de investigaciones. Lo importante a destacar, es que: a partir de 1971, los estudios de Filosofía quedaron disciplinados hasta hoy, a la norma del M-L. A excepción de la actual Carrera de Filosofía, cuya Comisión Nacional de Carrera y claustros de las 3 Universidades, lograron entre el 2017-19, hacerse escuchar por los decisores con argumentos científicos, políticos, y docentes.

24 Martínez Heredia, Fernando. Izquierda y marxismo en Cuba. Edición citada, págs. 98-99; 101.

25 La Reforma de la enseñanza superior en Cuba. Edición citada, p. 80.

26 Rodríguez, Carlos Rafael. Rodríguez, Carlos Rafael. La Reforma Universitaria. Edición citada, p. 284.

27 Pulido Benítez, Carmen Julia. La crisis de la enseñanza del marxismo en el sistema educativo superior cubano. Revista Atlante. Cuadernos de Educación y desarrollo. http//www.eumed.net/atlante/2018/06/crisis-enseñanza-marxismo.html, s/p.

28 Más tarde Althusser, por ejemplo, satirizaría dicho dogma: “reduce la historia de esta revolución en el pensamiento de Marx a la simple confluencia geográfico-fluvial de “tres fuentes””, y “cae en la banalidad de las verdades… heredadas de las genealogías bíblicas (Abraham hijo de Isaac, hijo de Jacob…)”. Althusser, Louis. El marxismo, ¿sería un río con tres fuentes? Marx dentro de sus límites. Ediciones Akal S.A., Madrid, 2003, pp. 50-51.

29 El valor de los resultados docentes, editoriales, y teóricos de aquel primer Dpto. de Filosofía de la UH, la obra de algunos de sus representantes, y su crítica al M-L, han sido objeto de estudio de numerosas investigaciones, cuyos resultados están publicados.

30 Soto, Lionel. Lo importantes es que desarrollemos nuestro camino. Cuba Socialista, No. 65, 1967, p. 49-50. Soto, Lionel. Sin dogmas. Teoría y Práctica, No. 33, 1967, p. 3.  Aurelio Alonso: “Los hombres que aprenden en esta lógica y no se liberan de ella, porque la duda no es una exigencia de su pensamiento, no pueden considerarse ni científicos por muy informados que estén de los pensadores más significativos…”. Alonso, Aurelio. Manual o no manual. Teoría y Práctica. No. 30, 1966, págs. 13; 17. Ver Polémica de los Manuales en: revista Teoría y Práctica, Nos. 28,30, 31, 32, La Habana, 1966-1967.

31 La Reforma de la enseñanza superior en Cuba. Edición citada, p. 53.

32 Introducción a la Primera Edición. Lecturas de Filosofía. Instituto del Libro. La Habana. 1968, pág. 7.

33 Baro i Queralt, Xavier. El marxismo-leninismo en el aula (I): de los orígenes hasta la muerte de Stalin (1953). Temps `d Educació, Universitat de Barcelona, No. 57, 2019. Del mismo autor: El marxismo-leninismo en el aula (II): la arterioesclerosis ideológica, de Jruschov a Gorbachov (1954-1990). Temps `d Educació, Universitat de Barcelona, No. 59, 2020.

34 Acta de la visita del Presidente de la República Osvaldo Dorticós al Departamento de Filosofía de La Universidad de La Habana. (20-2-64). Inédito citado, p. 39.

35 Carta de Che a Armando Hart (4.12.1965). Apuntes filosóficos. Ernesto Che Guevara. Edición citada, p. 23.

36 Martínez Heredia, Fernando. Prólogo. Ídem., p. 20.

37 Carta de Che a Armando Hart (4.12.1965). Ídem., pp. 23-24.

38 Ídem., p. 23.

39 Andrey Maidansky; Vesa Oittinen. Evald Ilienkov and soviet philosophy. Interview. Monthly Review, 08, vol. 71, 2020. Sobre la resistencia y creatividad de algunos filósofos soviéticos, ver el texto del reconocido especialista Bakhurst, David. Consciousness and revolution in soviet philosophy. From the Bolsheviks to Evald Ilyenkov. Cambridge University Press 1991, p. 7.

40 Valdés Paz, Juan. Cuba, Ciencias Sociales y socialismo.

41 Barkhurst, David. Soviet philosophy in transition: an interview whit Vladislav Lektorsky. Studies in Soviet Thought, No. 44, 1992, p. 47.

42 Desiderio precisaba los siguientes datos sobre Oizerman: miembro efectivo de las Academias de Ciencias de la URSS y la RDA, jefe del Departamento de Historia de Filosofía en la Universidad Estatal de Moscú, profesor en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS (1971-1987) y miembro del Consejo de Redacción de la revista insignia Voprosy Filosofii (Cuestiones de filosofía). En 1965 recibió el Premio Lomonósov, en 1979 el premio Plejánov y en 1983 el Premio Estatal de la URSS. A él, a Iovchuk –que, entre otras cosas, fue, de 1970 a 1977, rector de la Academia de Ciencias Sociales adjunta al CC del PCUS–, y a Shchipanov se les confió la tarea de elaborar la Historia de la Filosofía y el Compendio de Historia de la Filosofía, muchas veces reeditados en la URSS y divulgados por las editoriales Progreso, Pueblos Unidos, etc., en lengua española y otras. Navarro, Desiderio. ¿Vuelven los viejos manuales soviéticos de marxismo? ¿Y qué piensan hoy de ellos y del marxismo sus ilustres autores?

43 Ídem., p. 1

44 Ídem., p. 3.

45 Alonso, Aurelio. Marx-Martínez. La Tizza (14.5.2018). 

46 Pérez Cruz, Felipe de J.  La enseñanza de la filosofía marxista en Cuba. Desmitificar los mitos del dogma. Rebelión (26.11.2016)

47 Alonso, A. El estudio del marxismo en una perspectiva histórica (1972). Inédito. Archivos personales de su autor.  Departamento de Filosofía, UH. La enseñanza de la Filosofía Marxista. Inédito, s/f. Archivos personales del profesor José Bell Lara.

48 Martínez Heredia, Fernando. Izquierda y marxismo en Cuba. Edición citada, p. 110.

49 Programa “·Historia del pensamiento marxista”. Inédito. Archivos personales del profesor José Bell Lara. Corroborado a través de testimonios.

50 La enseñanza de la Filosofía Marxista. Inédito citado, s/f.

51 Una síntesis de la historia de estos términos, puede verse, por ejemplo, en los siguientes autores: Ruíz Sanjuán, Cesar. La evolución teórica del marxismo: del materialismo histórico a la crítica de la conciencia fetichista. ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política, N. º 50, enero-junio, 2014, pp.143-165; Hobsbawm, Eric. La difusión del marxismo (1890-05). Marxismo e historia social. Universidad Autónoma de Puebla, México, 1983, p.122; González Varela, Nicolás. Una vez más en torno al “materialismo” de Marx. Rebelión. 12-11-2015; Derrida, Jacques. Espectros de Marx. Editorial Trotta, Madrid, 1998, p.83; Kohan, Néstor. Marx en su (Tercer) Mundo. Centro de investigación y desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, pp.39-70; Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Siglo XXI Editores, Madrid, 1987, p. 47.

52 Gómez Velázquez, Natasha. Edición Revolucionaria (R): memoria y nostalgia del saber en Cuba. Entrevista a Rolando Rodríguez, fundador y director de Edición Revolucionaria. 4 de febrero de 2016. Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, Vol. 5, No. 1, Enero-Abril, 2017. Ver: Borrego, Yanela. Ediciones Revolucionarias memoria histórica de la filosofía en Cuba. La presencia atlhusseriana. Tesis de Diploma, UH, 2017. Tutora: Natasha Gómez Velázquez.

53 Pérez Cruz, Felipe de J.  La enseñanza de la filosofía marxista en Cuba. Desmitificar los mitos del dogma. Edición citada, s/p.

54 Beltrán-MarínI, Ana L.; Blanco-Montesino, Greten L.; León-Montesino, Lesly. Acercamiento histórico a la enseñanza de la filosofía en Cuba. Maestro y sociedad. Revista electrónica para maestros y profesores. Número Especial, Simposio Internacional de Ciencias Pedagógicas, 2018, ISSN 1815-4867 (s/p). http://www.maestroysociedad.uo.edu.cu

55 La hegemonía del M-L en la enseñanza a partir de 1971, se encuentra fundamentada en numerosas investigaciones, cuyos resultados han sido publicados. En esta fecha se produjo una discontinuidad en el curso de la revolución, marcando rumbos también en la esfera cultural propiamente. La meta propuesta con la zafra de 1970 “no pudo ser alcanzada en una coyuntura conducente a privilegiar, por encima de diferencias de enfoque que nunca desaparecieron, la unidad del campo socialista. El conflicto surgido en torno al otorgamiento de los Premios UNEAC a Fuera de juego, de Heberto Padilla, y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, anunciaba confrontaciones que quebrantaron los vínculos con un sector de la izquierda intelectual y precipitaron los cambios en la aplicación de la política cultural consagrados por el Congreso de 1971. Una etapa había concluido. Otros debates vendrían después, a lo largo de los años 80 y 90. Pero, en circunstancias diferentes, se expresarían por otras vías”. Pogolotti, Graziella. Polémicas culturales de los 60. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006, p. XXIII.

56 Identificados por testimoniantes, y un conjunto de investigaciones realizadas desde la UCLV; la UH; el Instituto de Filosofía; etc.

57 “Cuba lleva adelante una revolución que tiene en el marxismo-leninismo y en las tradiciones de lucha que conforman nuestra historia, sus bases de sustentación y enriquecimiento cultural”. Declaración coherente con otros tipos de dispositivos ideológicos generados por el Congreso sobre religión; sexualidad (normatividad “hetero”, el resto era “patología” a combatir); “modas, costumbres, y extravagancias”; etc.; y que tenían importantes antecedentes en la práctica socialista soviética. Declaración del Congreso Nacional de Educación y Cultura. Referencias, 2 (2), 1971, p.143.

58 Alonso Tejada, Aurelio. Marxismo y espacio de debate en la revolución cubana. Edición citada, p. 229.

59 Santana, Joaquín. Algunos problemas de la filosofía marxista y su enseñanza en Cuba. Temas, No. 3, 1995, p. 29.

60 Guadarrama González, Pablo. Principales etapas y rasgos de la Filosofía en Cuba. Cuadernos de filosofía latinoamericana, No. 100, 2009, p. 83.

61 Martínez Heredia, Fernando. Izquierda y marxismo en Cuba. Edición citada, pp. 98-99.

62 Vila Bormey, María Teresa. Problemas teóricos de la producción espiritual en el marxismo cubano de influencia soviética durante las décadas de los setenta y los ochenta. Islas, No. 59, 2017, p. 118.

63 Beltrán Marín, Ana L.; Blanco Montesinos, Greten; León Montesino, Lesly. Acercamiento histórico a la enseñanza de la filosofía en Cuba. Edición citada, p. 104.

64 “Hay que actualizar el aprendizaje del marxismo a través de la confrontación con los marxismos, anti marxismos y no marxismos, que existieron y los que en fecha reciente han aflorado al movimiento ideopolítico. En dialogo crítico con el marxismo «estructural», el «analítico», «de la elección racional», «de orientación empírica», «hegeliano», del «neo» y el «posmarxismo», entre otras tendencias que se afirman marxistas. Todo con mucho respeto y amplitud, bases imprescindibles para el ejercicio del criterio y la elección propia”. Pérez Cruz, Felipe. La enseñanza de la filosofía marxista en Cuba. Desmitificar los mitos del dogma. Edición digital citada, s/p.