Revista
Cubana de
CIENCIAS
SOCIALES
Nros. 33-34
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Discurso pronunciado por EL COMANDANTE Fidel Castro Ruz, Presidente
de
los
Consejos
de
estado
y
de
Ministros
de
la
República
de
Cuba,
en
la
Sesión
Plenaria
de
la
Conferencia
Mundial
contra
el
Racismo,
la
Discriminación
Racial,
la
Xenofobia
y
las
Formas
Conexas
de
Intolerancia,
Durban,
Sudáfrica,
1ro
de
septiembre
del
2001
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Excelencias;
Delegados
e
invitados:
El
racismo,
la
discriminación
racial
y
la
xenofobia constituyen
un
fenómeno
social,
cultural
y
político,
no
un
instinto
natural de
los
seres
humanos; son
hijos
directos
de las
guerras,
las
conquistas militares,
la
esclavización
y
la
explotación
individual
o
colectiva
de los
más
débiles
por
los
más
poderosos
a
lo
largo de
la
historia
de las
sociedades
humanas.
Nadie
tiene
derecho
a
sabotear esta
Conferencia
que
trata de
aliviar,
de
alguna forma,
los
terribles
sufrimientos y
la
enorme
injusticia que
estos
hechos
han significado
y
todavía
significan
para
la
inmensa mayoría
de
la
humanidad.
Ni mucho
menos
alguien
tiene derecho
a
poner
condiciones, exigir
que
no
se hable
siquiera
de
responsabilidad histórica
e
indemnización
justa,
o
sobre
la forma
en
que
decidamos calificar
el
horrible
genocidio que
en
estos
mismos instantes
se
comete
contra el
hermano
pueblo
palestino (Aplausos)
por
parte
de líderes
de
la
extrema
derecha que,
aliados
a
la superpotencia
hegemónica,
actúan
hoy
en
nombre
de otro
pueblo
que
a lo
largo
de
casi dos
mil
años
fue
víctima
de
las
más
grandes
persecuciones,
discriminaciones
e injusticias
cometidas
en
la historia.
Cuando
Cuba
habla
de
compensación,
y
apoya
esta
idea como
ineludible
deber
moral con
las
víctimas
del
racismo,
contando
con un
importante
precedente
en las
indemnizaciones
que
están
siendo
recibidas
por
los descendientes
del
propio
pueblo hebreo,
que
en
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pleno corazón de Europa sufrió un odioso y brutal
holocausto
racista,
no
pretende
la
imposible
búsqueda
de
los
familiares
directos
o
los
países
concretos
de
procedencia
de
las
víctimas
por
hechos
ocurridos
durante
siglos.
Lo
real
e
irrebatible
es
que
decenas
de
millones
de
africanos
fueron
capturados,
vendidos
como
mercancía
y
enviados
al
otro
lado
del
Atlántico
para
trabajar
como
esclavos,
y
que
70
millones
de
aborígenes
indios
murieron
en
el
hemisferio
occidental
como
consecuencia
de
la
conquista
y
la
colonización
europeas
(Aplausos).
La
inhumana
explotación
a
que
fueron
sometidos
los
pueblos
de
los
tres
continentes,
incluida
Asia,
afectó el
destino
y
la
vida
actual
de
más
de
4
500
millones
de
personas
que
habitan
en
los
pueblos
del
Tercer
Mundo,
cuyos índices
de
pobreza,
desempleo,
analfabetismo,
enfermedades,
mortalidad
infantil,
perspectivas
de
vida,
y
otras
calamidades
imposibles
de
enumerar
en
breves
palabras,
sorprenden
y
horrorizan.
Estas
son
las
víctimas
actuales
de
aquella
barbarie
que
duró siglos,
y
los
inconfundibles
acreedores
a
la
indemnización
por
los
horrendos
crímenes
cometidos
con
sus
antecesores
y
sus
pueblos
(Aplausos).
La
brutal
explotación
no
concluyó cuando
muchos
países
se
hicieron
independientes,
y
ni
siquiera
después
de
la
abolición
formal
de
la
esclavitud.
Los
ideólogos
principales
de
la
Unión
norteamericana
constituida
por
las
13
colonias
que
se
liberaron
del
dominio
inglés
a
fines
del
siglo
XVIII,
dieron
vida
desde
los
primeros
años
de
la
independencia
a
concepciones
y
estrategias
de
incuestionable
carácter
expansionista.
En
virtud
de
esas
ideas,
los
antiguos
colonos
blancos
de
origen
europeo,
en
su
avance
hacia
el
oeste,
arrebataron
a
sus
moradores
indios
las
tierras
que
ocupaban desde
hacía
miles
de
años
y
exterminaron
a
millones
de
ellos.
No
se
detuvieron
en
las
fronteras
de
las
que
habían
sido
posesiones
españolas,
y
México,
un
país
latinoamericano
que
alcanzó su
independencia
en
1821,
fue
igualmente
despojado
de
millones
de
kilómetros
cuadrados
e
incalculables
recursos
naturales.
En
la
crecientemente
poderosa
y
expansiva
nación
surgida
en
Norteamérica,
el
odioso
e
inhumano
sistema
esclavista
fue
mantenido
hasta
casi
un
siglo
después
de
la
famosa
Declaración
de
Independencia
de
1776,
en
la
cual
se
había
proclamado
que
todos
los
hombres
nacían
libres
e
iguales.
Tras
la
abolición
meramente
formal
de
la
esclavitud,
los
afronorteamericanos
fueron
sometidos
durante
otros
cien
años
a
la
más
cruel
discriminación
racial,
muchos
de
cuyos
rasgos
y
con
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Castro Ruz: Conferencia Mundial contra
el racismo...
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secuencias han permanecido hasta hoy durante casi cuatro décadas
adicionales,
después
de
sus
heroicas
luchas
y
los
avances
alcanzados
en
los
años
60,
que
costaron
la
vida
a
Martin
Luther
King,
Malcolm
X
y
otros
destacados
luchadores
(Aplausos).
Por
razones
puramente
racistas,
las
peores
y
las
más
prolongadas
sanciones
penales
recaen
sobre
los
afronorteamericanos,
y
dentro
de
la
rica
sociedad
norteamericana
les
corresponden
la
mayor
pobreza
y
las
más
miserables
condiciones
de
vida
(Aplausos).
Son
igualmente
terribles,
y
aun
peores,
el
desprecio
y
la
discriminación
de
lo
que
resta
de
las
poblaciones
aborígenes
que
ocupaban
gran
parte
del
actual
territorio
de
Estados
Unidos.
Es
innecesario
mencionar
los
datos
del
estado
económico
y
social
de África.
Países
enteros,
y
aun
regiones
completas
del África
subsahariana,
están
en
riesgo
de
desaparecer
por
una
combinación
sumamente
compleja
de
atraso
económico,
pobreza
extrema
y
graves
enfermedades,
viejas
y
nuevas,
que
los
azotan.
No
menos
trágica
es
la
situación
de
numerosos
países
de
Asia.
Añádase
a
esto
deudas
fabulosas
e
impagables,
intercambio
desigual,
precios
ruinosos
de
sus
productos
básicos,
explosión
demográfica,
globalización
neoliberal
y
cambios
de
clima,
con
su
secuela
de
sequías
prolongadas
que
alternan
con
lluvias
e
inundaciones
cada
vez
más
violentas.
Puede
demostrarse
matemáticamente
que
tal
situación
es
insostenible
(Aplausos).
Los
países
desarrollados
y
sus
sociedades
de
consumo,
responsables
en
la
actualidad
de
la
destrucción
acelerada
y
casi
indetenible
del
medio
ambiente,
han
sido
los
grandes
beneficiarios
de
la
conquista
y
la
colonización,
de
la
esclavización,
la
explotación
despiadada
y
el
exterminio
de
cientos
de
millones
de
hijos
de
los
pueblos
que
hoy
constituyen
el
Tercer
Mundo,
del
orden
económico
impuesto
a
la
humanidad
tras
dos
monstruosas
y
destructivas
guerras
por
el
reparto
del
mundo
y
sus
mercados,
de
los
privilegios
concedidos
a
Estados
Unidos
y
sus
aliados en
Bretton
Woods,
del
FMI
y
las
instituciones
financieras
internacionales
creadas
exclusivamente
por
ellos
y
para
ellos
(Aplausos).
Ese
mundo
rico
y
derrochador
posee
los
recursos
técnicos
y
financieros
para
saldar
su
deuda
con
la
humanidad.
La
superpotencia
hegemónica
debe
saldar,
además,
la
deuda
particular
que
tiene
con
los
afronorteamericanos,
con
los
indios
encerrados
en
las
reservaciones,
y
con
las
decenas
de
millones
de
inmigrantes
latinoamericanos,
caribeños
y
de
otros
países
pobres,
de
color
indio,
amarillo,
negro
o
mestizo,
víctimas
de
la
discriminación
y
el
desprecio.
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Es hora ya igualmente de poner fin a la dramática situación
de
las
comunidades
indígenas
en
el
resto
de
nuestro
hemisferio.
Su
despertar,
su
propia
lucha
y
el
reconocimiento
universal
del
monstruoso
crimen
cometido
contra
ellas,
lo
hacen
impostergable.
Los
fondos
necesarios
para salvar
al
mundo
de
la
tragedia
existen.
Póngase
fin
verdaderamente
a
la
carrera
armamentista
y
al
comercio
de
armas,
que
solo
engendrarán
desolación
y
muerte.
(Aplausos)
Aplíquese
al
desarrollo
una
buena
parte
del
millón
de
millones
de
dólares
que
se
dedica
cada
año
a
la
publicidad
comercial,
forjadora
de
ilusiones
y
hábitos
de
consumo
imposibles
de
alcanzar,
junto
al
veneno
que
destruye
las
identidades
y
las
culturas
nacionales.
Cúmplase
la
entrega
prometida
del
modesto
0,7%
del
Producto
Nacional
Bruto
como
ayuda
al
desarrollo.
Establézcase
de
modo
razonable
y
efectivo
el
impuesto
que
sugirió el
Premio
Nobel
James
Tobin
a
las
operaciones
especulativas
(Aplausos)
que
hoy
alcanzan
millones
de
millones
de
dólares
cada
24
horas,
y
las
Naciones
Unidas,
que
no
pueden
seguir
dependiendo
de
míseras,
insuficientes
y
tardías
donaciones
y
limosnas,
dispondrían
anualmente
de
un
millón
de
millones
de
dólares
para
salvar
y
desarrollar
el
mundo. ¡Oigase
bien!,
un
millón
de
millones
de
dólares
cada
año.
No
somos
pocos
los
que
ya
en
el
mundo
sabemos
sumar,
restar,
multiplicar
y
dividir.
No
exagero.
Dada
la
gravedad
y
urgencia
de
los
problemas
actuales,
que
amenazan incluso
la
existencia
de
la
vida
de
nuestra
especie
en
el
planeta,
es
lo
que
realmente
se
necesitaría
antes
de
que
sea
demasiado
tarde.
Póngase
fin
cuanto
antes
al
genocidio
del
pueblo
palestino
(Aplausos),
que
tiene
lugar
ante
los
ojos
atónitos
del
mundo.
Protéjase
el
derecho
elemental
a
la
vida
de
sus
ciudadanos,
de
sus
jóvenes
y
sus
niños.
Respétese
su
derecho
a
la
independencia
y
a
la
paz,
y
nada
habrá que
temer
de
los
documentos
de
las
Naciones
Unidas.
Conozco
bien
que,
en
busca
de
alivio
a
la
situación
terrible
en
que
se
encuentran
sus
países,
muchos
amigos
africanos
y
de
otras
regiones
sugieren
la
prudencia
necesaria
para
obtener
algo
en
esta
Conferencia.
Los
comprendo,
mas
no
puedo
renunciar
a
la
convicción
de
que
cuanto
con
más
franqueza
se
digan
las
verdades,
más
posibilidades
habrá de
que
se
nos
escuche
y
se
nos
respete
(Aplausos).
Siglos
de
engaño
son
más
que
suficientes.
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Castro Ruz: Conferencia Mundial contra
el racismo...
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Me quedarían solo tres breves interrogantes a partir de
una
verdad
que
nadie
puede
ignorar.
Los
países
capitalistas
desarrollados
y
ricos
hoy
participan
del
sistema
imperialista
y
del
orden
económico
impuesto
al
mundo,
basados
en
la
filosofía
del
egoísmo,
la
competencia
brutal
entre
los
hombres,
las
naciones
y
los
bloques,
que
es
ajena
por
completo
a
todo
sentimiento
de
solidaridad
y
sincera
cooperación
internacional.
Viven
bajo
la
atmósfera
engañosa,
irresponsable
y
alucinante
de
las
sociedades
de
consumo.
Por
sinceras
que
fuesen
la
fe
ciega
en
tal
sistema
y
las
convicciones
de
sus
más
serios
estadistas, ¿serán
capaces
de
comprender
la
gravedad
de
los
problemas
del
mundo
actual,
regido
en
su
desarrollo
incoherente
y
desigual
por
leyes
ciegas,
el
poder
colosal
y
los
intereses
de las
empresas
transnacionales,
cada
vez
más
grandes,
más
incontrolables
y
más
independientes?
(Aplausos.) ¿Comprenderán
el
caos
y
la
rebelión
universal
que
se
avecinan? ¿Podrán,
aunque
lo
desearan,
poner
fin
al
racismo,
la
discriminación
racial,
la
xenofobia
y
otras
formas
conexas,
que
son
precisamente
todas
las
demás?
Desde
mi
punto
de
vista,
estamos
ante
una
gran
crisis
económica,
social
y
política
de
carácter
global.
Hagamos
conciencia
de
estas
realidades.
Surgirán
alternativas.
La
historia
ha
demostrado
que
solo
de
las
grandes
crisis
han
salido
las
grandes
soluciones.
De
las
más
variadas
formas
el
derecho
de
los
pueblos
a
la
vida
y
la
justicia
se
impondrá inevitablemente.
¡Creo
en
la
movilización
y
la
lucha
de
los
pueblos!
(Aplausos.) ¡Creo
en
las
ideas
justas! ¡Creo
en
la
verdad! ¡Creo
en
el
hombre!
Gracias.
(Ovación.)
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